La protección de menores en el contexto deportivo

El abuso sexual infantil sufre un desconocimiento generalizado en el mundo del deporte. Con honrosas excepciones, en general no se forma a profesionales del deporte en protección de infancia -incluso aunque vayan a trabajar con niños y adolescentes-, y mucho menos en prevención, detección e intervención ante el abuso sexual infantil. Algunas situaciones específicas de riesgo de abuso sexual en el ámbito del deporte son: el abuso de poder por parte de los entrenadores, de otros profesionales o deportistas, o incluso de otros niños y adolescentes; los viajes, concentraciones y competiciones sin supervisión familiar; la pérdida de límites respecto al contacto físico, etc. Por eso es necesario trabajar este tema con los menores para que, junto con otros valores que se inculcan en el deporte, logren ser fuertes a nivel emocional y eso les ayude también a identificar y saber afrontar las situaciones de riesgo que puedan vivir.

La práctica del deporte en la infancia y la adolescencia tiene una función primordial de educación física para la salud y de ocio (aunque en ciertos casos el deporte pueda ir evolucionando hacia una actividad más centrada en la competición e incluso en la profesionalización). El desarrollo pleno de un niño o adolescente a nivel físico, psicológico y emocional sólo es posible si crece en entornos seguros y protectores. Por el contrario, las vivencias repetidas o especialmente intensas de inseguridad y miedo tienen efectos muy dañinos en su desarrollo. El deporte es una dimensión importante de la vida de los niños y adolescentes por su posibilidad de contribuir a su salud, y como tal ha de desarrollarse en un entorno seguro y protector.

La protección en el ámbito del deporte empieza por garantizar que los espacios donde los menores practican su deporte sean un entorno seguro y protector. El deporte cuenta con reglas claras para asegurar que resulta saludable: existen prácticas recomendables consolidadas (calentamiento, estiramiento, ejercicios útiles para cada deporte, progresividad, etc.) y otras prácticas que se evitan (el uso de ciertas sustancias dañinas, ejercicios que se sabe que causan deterioro físico, etc.). También existen normas internas dentro de cada deporte que regulan una competición clara y justa para todas las partes (criterios de puntuación, reglas de deportividad, infracciones, penalizaciones, etc.). Del mismo modo, los eventos deportivos cuentan con una amplia regulación que permite que se desarrollen con seguridad física básica. A todo ello debieran sumarse pautas para garantizar espacios seguros y protectores en el ámbito del deporte asegurando que los menores, que por su edad y por limitaciones legales se encuentran en situación de vulnerabilidad, pasan su tiempo en espacios seguros y con personas que les protegen. Esto se consigue asegurando los niveles siguientes:

  1. Un entorno físico seguro y protector.
  2. Un entorno psicológico y emocional seguro y protector.
  3. Personas adultas conscientes (entrenadores, gestores de las instalaciones deportivas, resto de profesionales del mundo del deporte y familias).
  4. Una participación significativa de todas las personas implicadas, en especial de las niñas, niños y adolescentes.

Además, de lo anteriormente dicho, es necesario tener presente que la práctica del deporte conlleva aprender a gestionar el dolor físico y emocional de una forma muy exigente, en un esfuerzo continuo de superación de los límites personales. Esto que, en principio, puede ser positivo por lo que supone de control sobre el cuerpo propio, tiene una vertiente negativa en el caso de los abusos sexuales: los niños, niñas y adolescentes pueden reprimir el sufrimiento que les causan los abusos sexuales, manteniendo los indicadores de abuso bajo control durante mucho tiempo y haciéndose indetectables hasta que el nivel de abuso es muy elevado. La manipulación por parte de quienes abusan puede abarcar también las perspectivas deportivas de los menores, con aspectos como que si lo cuentan se quedarán fuera del equipo o no competirán más, reforzando aún más el aguante del sufrimiento. Al punto anterior se añade que en el deporte puede darse una idealización de las figuras de autoridad (entrenadores, cargos directivos, deportistas de prestigio, etc.) que dificulta la identificación del abuso sexual por parte de los menores que lo sufren y que impiden la revelación por miedo a que nadie les crea frente a personas tan respetadas. Por tanto, es imprescindible que los niños, niñas y adolescentes vean a todas las personas adultas de su entorno de una forma realista, con unos aspectos más positivos y otros menos, pero cuyas acciones se pueden cuestionar.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que el deporte implica el desarrollo de cuerpos más saludables, lo cual es muy positivo, pero a su vez supone un riesgo por una hipersexualización inapropiada. La búsqueda del cuerpo “perfecto” y las múltiples ocasiones de ver a los niños, niñas y adolescentes con poca ropa (mucho equipamiento es muy ligero) o ninguna (en duchas y vestuarios) suponen un riesgo propio del deporte al que hay que prestar atención.

Por último, hay ciertos grupos de riesgo de abuso sexual que están presentes también en el ámbito del deporte: los menores con discapacidad física, sensorial o psíquica, que les hace más vulnerables al abuso sexual y que les dificulta la revelación; los menores que viven fuera del domicilio familiar (en especial quienes están en centros de protección, pero también deportistas jóvenes que viven en instalaciones deportivas sin el contacto diario con sus familias); los menores aislados, sin red de apoyo social (por no tener amistades, por dificultad de acceder a otros recursos, por timidez, por llegar de nuevas a un lugar, o por otros motivos); y, en general, todos los menores con rasgos diferenciales (étnicos, culturales, religiosos, sociales, etc.).

A mediados de 2018 el Consejo Superior de Deportes de España, junto con la Fundación Deporte Joven y UNICEF España lanzaron una campaña de prevención y detección del abuso sexual infantil en el deporte bajo el lema “El abuso sexual infantil queda fuera de juego”, que incluye cinco guías para diferentes destinatarios con el objetivo de sensibilizar y formar a educadores, entrenadores y personal dedicado a la gestión de instalaciones deportivas. Junto a esta campaña destacamos “Start to talk”, un llamamiento del Consejo de Europa a las autoridades públicas y al mundo deportivo para que actúen contra el abuso sexual a niños, niñas y adolescentes en estos contextos.

Antonio Carrón de la Torre, OAR